
El final del XX ha transformando la proyección exterior de los Estados, alejándose del poder coercitivo en favor del poder blando que destaca su atractivo cultural. En este contexto, la diplomacia cultural emerge como un pilar clave de las relaciones internacionales.
Este fenómeno se vincula desde sus inicios con Japón y el anime, a través de su estrategia Cool Japan, a la que progresivamente se han sumado otros países asiáticos, como China con sus Main Melody Films. Así, la animación se ha transformado en un vehículo de influencia internacional y una herramienta clave de comunicación política.
Este artículo realiza una revisión histórica de la industria de la animación en China y Japón, con el objetivo de establecer las sinergias entre su evolución y los intereses políticos de cada país. A través del análisis de casos paradigmáticos, se pretende evaluar el poder la animación como herramienta de comunicación política.